Entrevista a Tibor Kalman: “Perverso optimisma”.
En 1999, Tibor Kalman fue entrevistado por Charlie Rose en una conversación que hoy podemos considerar una pequeña joya audiovisual. En ella, Kalman habla con una franqueza brutal y cercana sobre su trabajo, el oficio del diseño y sus ideales políticos.
Descubrí su obra a través de Colors, la revista que creó en tándem con Oliviero Toscani. En la escuela de diseño, Colors era un ícono del diseño y la comunicación, un referente de cómo una publicación podía impactar como un puñetazo en el estómago. Cada número, cada doble página, cada artículo y cada fotografía sacudían al lector. Pero lo más revolucionario era que se trataba de la revista corporativa de Benetton, algo impensable hoy: ninguna marca se atrevería.
La fotógrafa Laila Abril, colaboradora de Colors, lo describía así:
“Honestamente, se me olvidaba que pagaba Benetton, y eso que era difícil de obviar, porque la fábrica estaba justo delante de la redacción. Pero la libertad editorial era brutal.””
Esa idea de sacudir la mente del lector, de hacerlo reflexionar y romper sus convencionalismos, fue—y sigue siendo—una búsqueda constante para mí y para toda una generación que creció en los años 90 y 2000. Gracias a Tibor Kalman, teníamos la certeza de que era posible crear un espacio extremadamente creativo y libre. Sin embargo, hoy vivimos en un mundo donde la comunicación ha sido devorada por clichés o, peor aún, por el odio promovido por nuevas corrientes reaccionarias. Todo ello determinado por algoritmos privados que definen qué es "bueno" y qué es "malo".
Junto con su esposa, la ilustradora Maira Kalman, Tibor fundó en 1979 la agencia M&Co, que pronto se convirtió en una de las más influyentes de los años 80 y 90. En aquella época, los estudios de diseño eran multidisciplinares por naturaleza. M&Co podía encargarse tanto de un anuncio publicitario como del menú de un restaurante o el diseño de un producto, en un Nueva York donde coincidían figuras como Michael Bierut, Massimo Vignelli y Paula Scher.
Sus trabajos se convirtieron en íconos de modernidad en el mismo instante en que fueron publicados. Para los jóvenes diseñadores, trabajar allí era un sueño. Uno de ellos, Stefan Sagmeister, llegó a decir: "Tibor fue el único héroe que tuve en el mundo del diseño."
“ Tibor fue el único héroe que tuve en el mundo del diseño.” ”
Hoy, casi tres décadas después de su muerte en 1999, el diseño ha perdido músculo. Se ha debilitado, se ha vuelto sumiso. La desaparición de su capacidad contestataria ha convertido la comunicación en algo irrelevante. Vivimos en el síndrome del "todo se parece" y nada permanece en la mente de los observadores.
Antes de irse, Tibor dejó un libro como legado: Perverso Optimista. Su primeras páginas son un manifiesto visual que aún resuena.